por  JUAN ANDRÉS VERA.

A la crisis económica y financiera  que estamos sufriendo en España, yo le quiero sumar una más, y es que, desde hace unos años, la cotización de los valores morales va a la baja, y es tan bajo su valor, que se puede hablar de crisis moral.

Nadie invierte en honestidad, lealtad, identidad, respeto, equidad, solidaridad o tolerancia.

En el parquet de la vida, son palabras que carecen de significado y valor. Desde hace unos años vivimos en el todo vale, si te he visto no me acuerdo y en el «ande yo caliente…».

Sólo hay que darse una vuelta por los medios de comunicación y ver cómo nuestros políticos, elegidos por el pueblo para que les represente, se tiran los trastos a la cabeza, cómo llegan al insulto, al chabacanismo en estado puro, y no a defender sus ideas y proyectos. Donde lo erótico-festivo-sexual, es suficiente para acaparar todas las portadas, y basta con que asistas a un lupanar de famosos, para ser el centro de atención de todos los medios. La esencia de la ordinariez y la mediocridad.

A algunos, todo esto ya nos pilla mayores y podemos diferenciar las cosas, pero ¿y a los más jóvenes? ¿qué les estamos enseñando?.

A mi abuelo, cercano ya a los 99 años, no le hicieron falta notarios ni contratos, le bastaba con un apretón de manos y su palabra, su palabra, para cerrar un negocio o un trato, que hizo muchos a lo largo de su vida. ¿Dónde está ahora ese compromiso, esa honestidad? En deflación.

Durante siglos se ha luchado por estos valores, eran la seña de identidad de pueblos y culturas, llegando incluso a la muerte por defender su honor y su dignidad y siendo su tesoro más preciado cuando ya se había perdido todo.

Gracias a estos valores, hoy hemos llegado a ser lo que somos, pero parece que ya no nos hacen falta. Ahora están al alza “otros valores”, y lo que no logro comprender es ¿en qué nos beneficia?, o ¿a quién beneficia?, ¿quién gana con la cotización al alza de estos nuevos valores?

Juan Andrés Vera.-






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